Sydney Sweeney – Todos somos cuerpo
Un desnudo que vendió apuestas y la indignación que lo popularizó
Antes de que me digan nada: sí, vi el anuncio. Cincuenta y ocho segundos de Sydney Sweeney tapada con balones, raquetas y guantes de boxeo para promocionar una casa de apuestas que, según su propio lema, no habla de guerra, ni de muerte, ni de política, “solo deporte”. Más de 40 millones de vistas en menos de una semana. Y claro, las atletas se indignaron. Ariarne Titmus dijo que no podía describir lo furiosa que estaba, y Amy Hunt le habló directo a cámara para recordarle cómo se ve de verdad una mujer en el deporte: sudor, sangre, lágrimas. Puedo entender el coraje; lo que no me cuadra es lo que defienden.

Lucha sin sentido
La naturaleza humana está orientada a la sexualidad y a la belleza desde el inconsciente, desde la parte más salvaje y primitiva. Es un instinto del que no podemos separarnos, pues de él depende la supervivencia de la especie. Es una lucha sin sentido querer eliminar la sexualidad, y más aún frente a una audiencia que siempre compra y paga más por un cuerpo y un rostro atractivos. Mi postura es muy clara y puede ser incómoda de leer: todos deberíamos entender que somos humanos, seres íntegros y multidimensionales; la sexualidad nos pertenece, y sentir envidia, admiración o enojo es parte de nuestra naturaleza. Lo que no está bien es querer juzgar a otros desde nuestra posición o entendimiento de la vida.
El cuerpo es un recurso
El cuerpo es un recurso, y lo ha sido siempre. Las atletas lo convierten en rendimiento, las bailarinas en expresión y Sydney Sweeney en atención, y de todas, ella es la que mejor entendió cómo se cobra. Toda su carrera ha estado en papeles donde su belleza es parte del paquete, lo sabe y lo usa, y encima es socia de la empresa que anuncia. Esa señora no está siendo explotada por nadie, está administrando su propio capital, y el nuestro se lo estamos regalando. Cada comentario y cada like valen lo que ella decidió hacer. Y no se trata de volverla heroína o villana, sino de entender que ella no está atada a los mismos paradigmas que todos.
Cada quien en su industria
Deberíamos ver objetivamente las acciones. En el caso de Sydney, siempre ha realizado papeles que le permiten valerse de su belleza y atractivo, y ha aprovechado para explotar ese potencial. Las atletas, por ejemplo, han crecido en busca de la disciplina, y el deporte debería ser su arte y su expresión. Yo sé que todas soñamos con ganar lo que gana Sydney Sweeney, cosa que naturalmente no sucederá, porque las apuestas son a industrias diferentes.

Doble moral
A mí me parece que los discursos de odio que recibe, no de las atletas directamente sino de la gente que la crítica, van apadrinados por cierto feminismo, uno con una doble moral muy cómoda: el que pide que seamos iguales a los hombres y se niega a reconocer que somos distintas, y que a la vez quiere que todas creamos que tenemos un valor innato que no requiere justificación, poniéndonos por encima de los hombres de manera automática, para que no nos demos cuenta de que podemos ser más: más grandes, más conscientes, más completas.
El cuerpo cuenta
Otro clásico juicio es creer que las mujeres somos más que un cuerpo y que la belleza no debería importar. Más bien somos una con el cuerpo, y cada una es libre de decidir cómo expresarse. Sé que a la mayoría le gustaría llegar lejísimos sin que nadie se fije en su cuerpo, pero, ¡oh sorpresa!, el cuerpo siempre cuenta. Cuenta lo que comes, lo que haces, lo que decidiste priorizar, y en buena medida nuestro cuerpo es un reflejo de todo eso. Yo no soy una conciencia que carga un cuerpo, soy las dos cosas al mismo tiempo, y lo que los demás ven de mí también dice algo de mí, aunque no me guste lo que dice. Lamentablemente para muchos, querer reconocimiento sin que la belleza entre en la ecuación no pasa en ningún ámbito de la vida. Por eso es normal que con las personas pase lo mismo que con cualquier cosa que te ofrecen: eliges lo que más te gusta o te conviene, y ya.

Apuestas y libertad de elegir
Sobre las apuestas: existen, igual que las drogas, la prostitución y la ira y todo lo que nos parece negativo. Podemos querer que desaparezcan, pero lo único que tenemos como seres que existen es la libertad de elegir, y ni en la peor situación te la quitan. Tú decides quién eres dentro de lo que te toque, y muchas veces lo que te toca es resultado de lo que hiciste. Eso sí, hay que decir que no todo mundo elige igual: quien ya tiene un problema con el juego no decide como quien nunca ha apostado, y las industrias de este tipo lo saben y lo explotan. Ellas usan lo que más vende en el mundo, la sexualidad, con una amoralidad absoluta. Pero finalmente el involucramiento es tuyo.
Cindy Lou Who: Sydney Sweeney
Y ahora lo de Cindy Lou Who, que tiene a medio internet con los ojos saltones. Para quien no lo tenga fresco: Sydney Sweeney es dueña de SYRN, su propia marca de lencería, y para lanzar su colección navideña, publicó un video donde se disfraza de Cindy Lou Who, la niña de El Grinch, con el peinado de antenas y un camisón corto de la marca. De ahí viene la crítica: que sexualiza a un personaje infantil. Es estrategia, obviamente. El disfraz, la fecha de lanzamiento y hasta el escándalo ya estaban contemplados en el presupuesto, y me parece absurdo querer decir que es otra cosa. Estoy segura de que a la mayoría de quienes lo vieron les pareció atractivo, y no digo que estén de acuerdo con que Sydney salga sensual, pero seguramente se quedaron a ver más 5 segundos de su publicidad, y con eso ella ya ganó. La industria lleva décadas mezclando ternura con sensualidad porque funciona, y funciona porque toca el inconsciente colectivo. Aquí, además, aprovecharon que la polémica anterior ya la había puesto entre las artistas más vistas, el resultado de la ecuación: publicidad gratis.

Lo que nos queda
El anuncio prometía “solo deporte” y terminó siendo todo menos eso: una discusión sobre quién decide qué hace una mujer con su cuerpo. Pero si algo me quedó claro después de todo esto es que la protagonista de la historia no es el comercial, es ella. Sydney Sweeney no solo es la cara de las campañas: es socia de la casa de apuestas y, además, es la dueña de SYRN, una marca de lencería que ella misma fundó este año, con su nombre, su imagen y su cuerpo como la mejor vitrina que podría tener. Por eso sigo en lo mismo: Sydney no le debe una explicación a nadie, y las atletas no le deben su cuerpo a ninguna marca. Cada una juega su propio juego, con sus propias reglas y su propio precio. Lo que sí vale la pena preguntarnos es por qué nos incomoda tanto lo que vemos y por qué cuarenta millones de personas lo vimos de todos modos.
Así que dime tú: cuando viste el anuncio, ¿qué sentiste primero, envidia, admiración o enojo?
Queremos leerte.
